Entrevista a Eugênia Rodrigues, MD, MPH, PhD

Regional Advisor on Road Safety

No Communicable Diseases and Mental Health Department

Pan American Health Organization/World Health Organization

Eugênia Rodrigues, brasileña, especialista en seguridad vial, referente de la Organización Mundial de la Salud para América Latina y el Caribe, habló con mutandisonline

-La Década de Acción en Seguridad Vial 2011-2020 de la Organización Mundial de la Salud está iniciando su séptimo año. ¿Cuál es su opinión sobre los logros y los pendientes del plan hasta el momento?

-En 2013 hubo 1.25 millones de muertes por tránsito, un número que se ha estabilizado desde 2007. Esta meseta debe ser vista en el contexto del crecimiento de la población mundial y la motorización: entre 2010 y 2013, la población aumentó un 4% y los vehículos registrados aumentaron un 16%. Esto sugiere que los esfuerzos que se han hecho han evitado muertes que de otro modo se habrían producido. Sin embargo, y pese a que la estabilización de las muertes en este contexto de motorización creciente es alentador, aún no hay signos de descenso de estas cifras, lo que es esencial para el cumplimiento de los objetivos de la Década de Acción. Esto indica que el progreso es posible pero que se requiere mucha más atención, más políticas y más recursos para alcanzar los fines trazados. Toda vez que los siniestros viales son previsibles y prevenibles, el alto número de víctimas resulta inaceptable.

-¿Por qué muchas veces los gobiernos no toman la seguridad vial como un tema de salud pública sino como una cuestión policial?

-Tal vez debido a la tradición. A pesar de los impresionantes impactos en el sector de la salud -desde la emergencia hasta la rehabilitación-, tomó algún tiempo hasta que el propio sector de la salud asumiera el problema como uno dentro de su alcance. En la OPS / OMS el tema fue abordado por primera vez en 1960, pero se intensificó en los años 2000, cuando el aumento de la motorización en los países en desarrollo en los años ochenta hizo que las lesiones y muertes en las carreteras se dispararan. La seguridad vial es una cuestión multisectorial: todos los sectores, incluida la salud, deben participar plenamente en la responsabilidad, la actividad y la promoción de la prevención de siniestros. Mientras las áreas de transporte y fiscalización tradicionales enfatizan el flujo de tránsito, la ley y el orden, el sector salud trae a la mesa datos esenciales sobre lesiones en carretera y conceptos de promoción de la salud y prevención de lesiones. No es de extrañar que las Naciones Unidas asignaran a la OMS el mandato de coordinar los esfuerzos de seguridad vial dentro del sistema de las Naciones Unidas. Es eso estamos.

-Muchos Estados aplicaron el modelo “3E” (education, engineering, enforcement) y obtuvieron excelentes resultados en seguridad vial. Si tuviera que elegir una de las “E” para aplicar en un país pobre y producir un impacto rápido, ¿cuál sería?

-El punto es que la fórmula es un trípode. Esto significa que no funcionará si una de las patas no se aplica. Cada uno de los componentes alimenta a los otros: la ingeniería y el control tienen elementos pedagógicos, mientras que la educación legitima la acción de la policía y apoya las soluciones de infraestructura. De todos modos, si tuviésemos que poner énfasis en una de las “E”, deberíamos recordar que una parte desproporcionada de la carga recae sobre los usuarios de las vías, culpando a los “factores humanos”, asignando demasiada confianza al cambio de sus actitudes. La identificación de las malas conductas de los conductores, ciclistas o peatones no siempre significa que los programas que apuntan al cambio de actitudes sean la mejor o la única solución (si bien son importantes). El comportamiento de los usuaurios de la vía frecuentemente responde al ambiente de tránsito en el que participan, el que habitualmente es hostil con los usuarios vulnerables e incluso alienta conductas riesgosas como el exceso de velocidad (por ejemplo los carriles sobredimensionados o los límites de velocidad altos). Por ello, nosotros diríamos que la naturaleza del ambiente del tránsito (diseño de los caminos, geometría, planificación urbana, infraestructura segura y amigable) merece ser relevante.

-¿Es posible pensar en un control sostenible en el tiempo, o por su naturaleza decrece en el tiempo? Si así fuera, ¿cómo lo reinventaría?

El control necesita ser más intenso y visible en las fases iniciales de un programa, y va cambiando sus estrategias conforme los usuarios de la vía “internalizan” las conductas que se espera de ellos (por ejemplo bajar la velocidad y respetar la prioridad petonal en las intersecciones). Esta es la rutina natural. Diferentes niveles de control o la sensación de control siempre serán necesarios para recordar a lo usuarios cuáles son sus deberes.

-Ante un choque fatal causado por neglicencia nadie reacciona como lo haría ante un caso de mala praxis médica. ¿Vemos a los conductores desaprensivos como a alguien cercano a cualquiera de nosotros? ¿Es posible un país con una seguridad vial aceptable si la sociedad no se involucra en ese proceso?

-El involucramiento de la sociedad y su toma de conciencia sobre la importancia de la seguridad vial es una premisa básica para los cambios duraderos. Si las medidas son de arriba hacia abajo, los cambios unilaterales sólo pueden durar mientras se asegura la represión (lo que no siempre es sostenible). Una de las razones de la perplejidad histórica respecto de los siniestros de tránsito es que tradicionalmente se consideran como un resultado inevitable del transporte por carretera y un precio a pagar por el progreso. Aunque el riesgo de un siniestro es relativamente bajo para la mayoría de los viajes individuales, la gente viaja muchas veces cada día, cada semana y cada año. La suma de estos pequeños riesgos es considerable. El término “accidente”, que es ampliamente utilizado, puede dar la impresión, probablemente involuntaria, de inevitabilidad e imprevisibilidad, un evento que no puede ser manejado. Esto permite la omisión general o “naturalización” de una calamidad que atrae regularmente menos atención mediática que otros tipos de tragedias menos frecuentes pero más inusuales, como los siniestros de avión. N ada mata a más niños y jóvenes en el mundo que la inseguridad vial: debemos tomar conciencia de ello.