El comienzo del fin de semana de Carnaval está marcado por la muerte de muchas personas en diferentes siniestros viales (http://www.clarin.com/sociedad/mueren-mujeres-accidente-alta-montana-mendoza_0_SkOxv-kcg.html, http://www.clarin.com/sociedad/accidente-tragico-ruta-santa-fe-muertos_0_rke95eJce.html, http://www.lacapital.com.ar/investigan-las-causas-del-accidente-que-dejo-12-muertos-al-chocar-dos-micros-la-ruta-33-n1346823.html)

Antes de que las noticias se diluyan y que todo se olvide, podríamos reflexionar unos segundos. Lo primero es tener en claro que nada mata más gente menor de 50 años en nuestro país que la inseguridad vial. Nada. Ninguna enfermedad. Ningún delito. Ante este dato de la realidad, una primera medida debería ser abordar la cuestión como un tema de salud pública, como sugiere la OMS, y si no reemplazar al menos complementar el fracasado enfoque legal-policial tradicional.

En segundo lugar, hay que evitar el diagnóstico único y, con él, la solución única. En el caso de los micros de Santa Fe, hay quienes sostienen que una autopista lo habría evitado. Es posible, pero recordemos que el lugar de nuestro país con mayor concentración de siniestros viales es la Panamericana entre CABA y Rosario: las autopistas sirven, pero tienen siniestralidad asociada que hay que considerar.

Otros dice ya que la culpa fue del chofer que quiso pasar por donde no debía. Habría que revisar su historial, su formación, su capacitación y su estado de salud y no olvidar que en determinadas fechas (algo que la CNRT comprueba a diario), las empresas fuerzan a sus conductores a exceder el número de horas al volante. “Nos dan una pastilla”, dicen los choferes, haciendo referencia al modafinilo, una sustancia que aleja la somnolencia pero que, tarde o temprano, es falible.

Asimismo, no hay que desdeñar el análisis de la seguridad pasiva de los vehículos, esto es la serie de elementos que, una vez que el choque se produjo, deben cumplir su parte para salvar vidas (por ejemplo,  la función que cumple un airbag) En el caso de Santa Fe, el diario La Capital relata que “según algunos socorristas, los asientos de los pasajeros se desmontaron del piso de cada unidad, al igual que los caños para sostenerse, y por el efecto de la inercia del choque más el despiste hacia la zanja, se amontonaron hacia adelante, produciendo el aplastamiento de muchos heridos y muertos. La mayoría de los cuerpos fueron encontrados en el frente de ambos colectivos, incluso se indicó que al menos dos fueron encontrados debajo de ellos” (http://www.lacapital.com.ar/investigan-las-causas-del-accidente-que-dejo-12-muertos-al-chocar-dos-micros-la-ruta-33-n1346823.html) Es evidente que el micro no estaba preparado para mitigar las consecuencias del impacto.

La necesidad de control por parte de las autoridades en una ruta nacional y en una fecha de alto flujo como ésta también es acuciante, y el control no se instaló: otra pata de la misma mesa también faltó. Como puede verse, la seguridad vial es multicausal y no hay soluciones simples para el tema.

La OMS fijó determinados pilares en la estrategia que recomienda: una adecuada gestión de la seguridad vial a nivel central (en Argentina el tránsito es materia local y la ANSV debe coordinar a los múltiples actores), el mejoramiento de la infraestructura vial (algo en lo que estamos atrasados), el control sobre los usuarios de la vía (velocidad, alcoholemia, cinturones y cascos entre los principales factores de riesgo a fiscalizar), la revisión periódica de la flota de vehículos en circulación, la recolección adecuada de datos para consolidar estadísticas confiables, y la atención post trauma de las víctimas.

Para que todo esto comience a funcionar será necesaria la puesta en agenda pública del tema, su abordaje como un fenómeno vinculado a la salud, el empoderamiento de la ANSV y la toma de conciencia desde el más alto nivel político de  que no se trata de accidentes, ni tragedias, ni desgracias: son hechos en la mayoría de los casos previsibles y, por tanto, evitables.