Gustavo Alonso Cabrera es líder de Movilidad Segura Colombia (MoSeCol), director de la revista Facultad Nacional de Salud Pública “Héctor Abad Gómez” y profesor titular de la Universidad de Antioquia. Charló con mutandisonline.com sobre chalecos, cascos y motos, tema de agenda en Argentina. La necesidad de control para que las normas “no sean un chiste”, la estigmatización social del motociclista, su vulnerabilidad en la calle y la distinción entre seguridad vial y prevención del delito son temas analizados por el experto de un país que introdujo el patentamiento de cascos y chalecos como herramienta contra los sicarios del narco, fenómeno que aquí no se replica.

¿En Colombia es obligatorio utilizar casco y chaleco con la placa impresa en ellos? 

Sí, lo es desde hace muchos años. No recuerdo exactamente el comienzo pero lleva es más de una, o hasta dos décadas.

¿Cuál fue el origen de la medida? ¿Los crímenes cometidos por sicarios o alguna otra causa?

Sí, en general esa fue la razón. Pablo Escobar, jefe del cartel de Medellín en los 80 del siglo XX, ideó, desarrolló y diseminó el sicariato en moto en Medellín y en toda Colombia. Así, se diseminó como medio rápido y ágil de escapar de las escenas del crimen, llámese asesinato, robo, agresión, etc.

¿El Estado controla su uso según lo legislado?

En las calles es la Policía Nacional, con sus agentes en cada ciudad, quien ejercen control para su cumplimiento. El control implica requisa a sus ocupantes, solicitud de documentos, detención del vehículo, multa económica y traslado a patios del tránsito. Si hay antecedentes policiales o judiciales, los motociclistas son detenidos de inmediato. Los puntos de control son sistemáticos en algunos sitios pero hay otros itinerantes. El alcalde actual de Medellín, experto en temas de seguridad pública, lleva 15 meses en el cargo y bajó 50% la frecuencia de asesinatos gracias a la intensificación del control en especial de motos y parrilleros, pasajeros varones. La norma es nacional, pero a medida que la autoridad-población se alejan de las capitales (Bogotá, Medellín, etc.) la ley más se debilita e irrespeta. La realidad es que la medida en capitales opera, pero en intermedias o pequeñas, es un chiste.

¿Cuál fue la reacción de los motociclistas?

Siempre hay resistencia, desde las ciertas por la restricción de movilidad para familias y amigos no delincuentes, hasta la soterrada y ruidosa de los delincuentes que se escudan en el argumento de restricción ilegal para crear la sensación que son muchos los afectados que usan su moto para desplazamiento familiar o laboral y se perjudican.

¿Se reportaron casos de robos de chalecos o cascos para luego cometer delitos con identidad falsa?

No son frecuentes estos hechos.

¿Cree usted que una medida como esta puede generar que el casco, elemento esencial para la seguridad vial, reciba una mirada no saludable por parte de los eventuales usuarios?

En Colombia hubo resistencia; en general, en las capitales el uso de casco es aceptado pero falta control de policía y agentes de movilidad para incrementar su uso. Un problema asociado es la calidad del casco, o del chaleco, como elemento de protección ante incidentes viales y caídas. Como buena nación en desarrollo y pobre, es un nudo crítico para reducir efectos de incidentes con motociclistas, asunto critico en mi país.

La convivencia en el tránsito entre vehículos de 4 o más ruedas y los motociclistas, claramente los usuarios más vulnerables, ¿es de respeto mutuo?

Para nada hay respeto. No son todos, pero en general hay una fuerte rivalidad entre usuarios de la vía, con señalamiento generalizado a la culpa del motociclista por imprudencia. Ellos están implicados en 3 de cada 4 eventos tipo choque en vías de Colombia. El año pasado hubo 7.000 muertes viales, el 50% estaban en moto y un 25% adicional eran peatones o ciclistas que murieron al ser arrollados, embestidos o chocados por un motociclista.

¿Hay tolerancia entre los diferentes usuarios?

No, hay una rivalidad creciente.  Los motociclistas son mal vistos  por el sentido común del tránsito, la mayoría de los demás usuarios los perciben en general como un riesgo, porque el mal comportamiento en la vía de una minoría es percibido por la mayoría de la población como impropio e irresponsable. Además hay siempre una prevención general cuando una moto está cerca.

¿Encuentra usted alguna relación entre criminalización del motociclista y deterioro de la seguridad vial?

La veo más entre debilidad del Estado para certificar y habilitar conductores. La moto es apenas un vehículo… aquí es un tema hipercrítico.