Tras dos años de gestión de la actual Agencia Nacional de Seguridad Vial, las estadísticas marcan que los muertos por siniestros viales aumentaron fuertemente: 25%.

Las fuentes son diversas y no puede ser sospechadas de opositoras: Infobae recoge datos del ISEV, que tienen entre sus clientes a la concesionaria del Ministro, y Luchemos por la Vida recibe fondos oficiales para sus campañas de difusión, por lo que no tendrían razones para no decir la verdad
(https://www.infobae.com/sociedad/2017/03/16/transito-inseguro-aumentaron-25-las-muertes-por-accidentes-de-transito/; http://www.luchemos.org.ar/es/estadisticas/muertosanuales/muertos-argentina-durante-2017

Al igual que con la inflación, podemos celebrar que por fin tenemos cifras transparentes. Pero si nos ponemos serios la ironía no tiene lugar. ¿Cuál es el único indicador que dice si se trabajó bien o mal en seguridad vial? La suba o la baja de muertos. Simple y claro. El “nos esforzamos mucho pero se murieron igual” no sirve para nada, ni siquiera si fuese cierto .

Razones que explican el fracaso: la inobservancia de los pilares de acción de la OMS como ejes de gestión, la ausencia de coordinación con las provincias para armonizar políticas y normas, la falta de campañas de concientización sobre los principales factores de riesgo, la incapacidad para hacer que la formación vial ingrese en la educación formal, la nula colaboración con las fuerzas locales para impulsar el control y la sanción, entre otras, todas ellas rebozadas con desconocimiento de la tarea asumida.

En el mega DNU de hace un par de semanas, la ANSV reclama el derecho de poder hacer multas en todo el país para solucionar todo el problema: en ningún país del mundo la agencia líder asume ese rol. ¿Será que entienden algo de lo que hablan? Quizás no, si tenemos en cuenta que en la Argentina la seguridad vial está a cargo de alquien que en la ciudad hizo crecer un 30 por ciento los siniestros graves entre 2012 y 2015 (datos oficiales de Defensoría del Pueblo), que desarmó la política de alcoholemia, de control de drogas en conductores, de uso de casco o retención de la moto y curso obligatorio para recuperarla, de quita de licencia en el momento del hecho, de sanción al transporte público en la calle, etc. etc., a lo que se suma el destrato a las organizaciones de familiares que desde hace años sostienen la desigual lucha contra la violencia vial.

Mientras las cosas sigan como hasta ahora, no hay cambio posible.