La nueva campaña de comunicación del Gobierno Nacional eligió, para su lanzamiento, resaltar obras viales. “Cada autopista salva vidas” es, en resumen, el mensaje (https://www.youtube.com/watch?v=x7p0ZoqF7_k)

“Nos comprometimos a reducir los accidentes en las rutas en las que cada año mueren miles de argentinos. Cada ruta que se convierte en una autopista, cada ruta pavimentada y mantenida, cada puente nuevo, cada rotonda iluminada y señalizada, salva vidas. Pero el éxito de estas obras no es sólo el hormigón, el pavimento y la iluminación; no es sólo lo que sucede, sino especialmente lo que deja de suceder. Está pasando. Lo estamos haciendo juntos”, reza el texto.

Al margen de que esta simplificación no se comprueba en la realidad (por caso, la Panamericana entre Buenos Aires y Rosario concentra la mayor cantidad de “accidentes” del país y es la mejor autopista que tenemos, pero la falta de controles la condena), lo que llama la atención es el modo escogido por los creativos y aprobado por las autoridades para dar el mensaje.

En la pieza se escucha a tres conductores que destacan las mejoras en sendas rutas, mientras la pantalla nos muestra señalización horizontal, luminarias y guarda rails que van apareciendo mientras el auto avanza velozmente. Ahora bien, ¿cómo captaron los conductores estas imágenes? A través de celulares. Celulares manipulados mientras conducen, de noche, en la ruta.  Algo prohibido, algo peligroso, algo que mata. ¿A ningún funcionario se le ocurrió que esto no debió llevarse a cabo?