En el diario de este sábado se reproduce una noticia conocida: los jóvenes son quienes más mueren en hechos de tránsito.
https://www.clarin.com/ciudades/peligro-volante-jovenes-mayoria-victimas-inseguridad-vial_0_ryyCZa_VQ.htmlLa fuente de tan genial descubrimiento es la Agencia Nacional de Seguridad Vial, que a dos años y medio de gestión Cambiemos parece satisfecha de producir un informe que arroja resultados repetidos desde hace 40 años en cualquier lugar del mundo. Un esfuerzo intelectual colosal por parte de los responsables del organismo.

Ahora bien, ante este diagnóstico los países que se toman en serio a la seguridad vial trabajan en Educación (obligatoria al menos en el nivel medio), Campañas (sostenidas y evaluadas), Ingeniería (el guarda-rail que cede la otra noche indica alta de inversión, al margen de la velocidad del vehículo, algo que se observa en el video) y Controles (sobre las conductas que matan, no sobre el estacionamiento a la izquierda en una calle de Villa Ortúzar).

En Europa, por ejemplo, todas las policías de seguridad vial del continente forman la Tispol, un conglomerado de enforcement, y semana a semana controlan decenas de miles de vehículos de todo tipo, de manera coordinada, en lo relativo a velocidad, alcoholemia, cinturón de seguridad, uso de celular y uso de casco. Comparten resultados, corrigen, avanzan, mejoran, salvan vidas. ¿Es imposible hacer eso con nuestras fuerzas de seguridad provinciales?

Estos ejes guían una gestión responsable, que parte de la decisión de definir a la seguridad vial como un tema crucial y destinarle las políticas de Estado apropiadas. Debemos comprender que la seguridad vial no es una cuestión de poner multas a lo pavo, de ONG´s que den cursitos en escuelas una vez y nunca más, ni de inventar hashtags tipo  #manejaconcuidado. El tránsito es la interacción social por excelencia y por tanto hay que pensar las normas que lo rigen, la capacitación y educación de los actores, el control sobre el cumplimiento de las pautas, la sanción para los infractores, las relaciones laborales (un repartidor precarizado que cobra por viaje no respetará un semáforo), la relación entre los que comparten las calles (el mutuo respeto entre automovilsitas y motociclistas, por caso, y el cuidado de todos ante los peatones), entre muchas variables a atender.

La inseguridad vial es la principal causa de muerte en personas menores de 45 años, es como si todos los meses se estrellaran dos aviones llenos, y pese a eso el tema es un no tema en la agenda oficial.  Todo el mundo sabe del dengue, de la chikungunya y del zika. En verano, el repelente nos acompaña a todos lados. En los medios, en las calles y en las redes la foto del aedes aegipti nos amenaza. En 2017 los muertos por estas enfermedades en nuestro país fueron…cero. Y las vidas perdidas en las calles y rutas? Cerca de 7 mil. ¿No será hora de que la inseguridad vial sea considerada una enfermedad y se la aborde desde la salud pública?