Percepción ciudadana de la seguridad vial

Estudio cualitativo de casos

Período agosto-noviembre 2018

Responsable del estudio: Asociación Civil Mutandis / Pablo Martínez Carignano

Publicada en www.mutandisonline.com – Twitter: @mutandisonline

1.Metodología

12 focus groups de 6 integrantes cada uno, compuestos por:

Automovilistas: 3 FG

Motociclistas: 3 FG

Peatones: 3 FG

Ciclistas: 1 FG

Combinados: 2 FG

 

Cada uno de los grupos de usuarios se dividió por franjas etarias: 18/30, 31/50 y más de 50 años, de ambos sexos. Entre los motociclistas, se incluyó además la distinción entre trabajadores en moto y simples usuarios.

  1. Resultados

2.1. Idea general sobre seguridad vial y multas

En el régimen de faltas de la ciudad de Buenos Aires (Ley 451, Ley 1217 y ccs.) la única pena que efectivamente se aplica para infracciones de tránsito es la de multa. Si bien la normativa prevé sanciones sustitutivas (tareas comunitarias, asistencia a cursos, etc.), esto sólo se aplica parcialmente y para conductores de taxis.

En sintonía con ello, cuando en las entrevistas se habla de tránsito y seguridad vial, espontáneamente los participantes mencionan las multas. Este elemento es casi lo único que se percibe ligado a este tema. La mayoría tiene una mirada negativa: se las toma como una acción ligada a la recaudación y no a la prevención de accidentes. “Al final todo es plata, tenés multas y se soluciona pagando”. “Las multas son un gasto más, como la nafta o el seguro. Están hechas para recaudar y no para educar”. “Te hacen fotomultas por ir a 40 en Avenida Roca, es joda”. “Las hace una empresa que cobra por multa y entonces se la pasan sacando fotos”.  En síntesis, los entrevistados no creen que esta política ayude a la prevención de accidentes.

Sobre datos concretos que avalen sus argumentos respecto de las intenciones estatales de recaudar antes que prevenir, los participantes señalaron ejemplos como las siguientes:

Cámaras escondidas o poco visibles, sin advertencia previa. “Deberían hacer como en la Ruta 2, si la idea es que se baje la velocidad hay que avisar. Si no, lo que buscan es que la gente vaya rápidop para después sacarle plata”.

 Cambio abrupto de velocidades máximas. “En Libertador el máximo es 70 y al entrar al túnel te sacan la foto a 60 y el cartel está después de la cámara”, “Yo vivo en Versalles y me hicieron 10 multas en Yrigoyen: pusieron máxima de 30 en una calle ancha por la que siempre se fue a 40. Te vuelven loco”

Fotomultas reiteradas por estacionar sobre la izquierda en barrios. “La gente vive ahí, no hay dónde dejar los autos y tampoco hay garajes. Es insólito. Vivo en Villa Ortúzar, ¿a quién jodo por estacionar a la izquierda en la puerta de casa”? “Las multas me llegaron todas juntas, eran 15. Si me avisaban antes veía de no dejarlo más. Me las cobraron todas. Así se llenan de plata

Resulta evidente que los entrevistados no establecen una relación entre la aplicación de una multa y la seguridad vial como política pública en pos de salvar vidas. Algunos solicitaron que la multa pueda reemplazarse con trabajos comunitarios, o realización de cursos de educación vial. Respecto de que en la CABA este beneficio esté limitado únicamente a los taxis, las respuestas fueron críticas. “¿Por qué los taxistas pueden tener 100 multas y hacer trabajos comunitarios y si yo tengo una sola no me dan esa posibilidad”?, “Esto es un arreglo con la mafia de los taxistas”, “no puede ser que no seamos todos iguales ante la ley”, entre otras.

Fue tomada positivamente, en cambio, la propuesta de fotomultas que se entreguen en el momento al infractor (controles móviles con detención in situ).

2.2. Convivencia en el uso de la vía pública

En este punto, se indagó entre los participantes acerca de cómo perciben ellos a los diferentes usuarios de la vía pública, y cómo se perciben a sí mismo en tanto actores del tránsito. La conclusión general es que cada usuario se percibe a sí mismo como responsable e idóneo, y como víctima de los demás, ya sea del accionar del Estado (“obras por todos lados, cortan todo”), de manifestantes (“los piquetes son insoportables”) y sobre todo de los demás usuarios (“yo manejo bien, pero en la calle hay cada uno que no sé cómo le dieron el carnet”).

Un dato llamativo es que muchos automovilistas responsabilizan a peatones y ciclistas por la siniestralidad que afecta a estos grupos. “Los peatones cruzan por cualquier lado”, “se te tiran encima del auto, a veces es imposible frenar”, “cuando doblás tenés que parar porque un peatón cruza a dos por hora y de atrás te matan a bocinazos, es imposible no querer esquivarlo y avanzar”, son algunos de los argumentos exculpatorios respecto de los peatones. En cuanto a los ciclistas, son percibidos por los automovilistas como gente que “no respetan nada, para ellos los semáforos no existen”, “se creen con derecho de ir en contramano”, “en las bicisendas te aparecen de los dos lados, son un peligro”. Cuando a los automovilistas se les explicó que los peatones y los ciclistas son el eslabón más débil entre los usuarios del tránsito y quienes más accidentes sufren, sus respuestas oscilaron entre el silencio, las frases de ocasión (“sí, es terrible”) y en algunos casos la señalización de los ciclistas como los responsables de sus lesiones: “Buenos Aires es un caos, no podés andar en bici por el centro” . Uno de los casos en los que los automovilistas culparon a otros de su grupo fue en el estacionamiento en doble fila, y por el uso de celular en los semáforos, que lleva a demoras para reanudar la marcha.    

La relación automóvil-moto mostró una marcada conflictividad. Se indagó sobre el conocimiento mutuo, con preguntas tales como cuáles son los puntos ciegos de un auto en los que una motocicleta no debe situarse (a los motociclistas) o cuáles deben ser las precauciones al girar (a los automovilistas), y los rendimientos fueron bajos. Primó la falta de armonía entre estos dos grupos. Los automovilistas perciben a las motos como una amenaza y los hacen depositarios de conductas ilegales y temerarias. “Van a lo loco”, “zigzaguean entre los autos”, “se mandan de contramano y por encima de la vereda”, “son lo peor que hay, son un peligro”, así como en algunos casos se los vinculó con el delito: “no sabés si te quieren afanar cuando se te ponen al lado”.

Los motociclistas, en tanto, reconocieron que en muchos casos manejan al límite de lo prohibido, admisión que se repitió en el grupo de los trabajadores de mensajería y delivery de comidas: éstos atribuyeron sus inconductas a la modalidad de trabajo a destajo que deben desempeñar. Por otro lado, culparon a los automovilistas que “dicen que no te ven y te tiran el auto encima”, “doblan sin mirar si viene una moto”, etc. Un dato llamativo al entrevistar motociclistas, en especial a los trabajadores (más jóvenes, motos más chicas) fue la precariedad de conocimientos técnicos respecto de cómo conducir su vehículo. El 60% manifestó que “frena solamente con el freno de atrás” por miedo de caerse (esto hace que la distancia de frenado sea mayor que si usara ambos frenos, lo que requiere habilidad conductiva), y que “los espejos no son tan necesarios como en un auto”. Fue notoria también la cantidad de motociclistas que manifestó usar el casco sin abrochárselo. Respecto del uso de chaleco identificado en el acompañante, las respuestas variaron desde el rechazo por sentirse discriminados y perseguidos (en especial los trabajadores en moto) al desconocimiento de la obligatoriedad y la ausencia de percepción de que se esté controlando (“capaz que en el centro si, pero en los barrios nadie usa”)

Los peatones manifestaron que la cesión de paso por parte de los autos es dispar: más de la mitad sostuvo que los autos nunca frenan cuando ellos están cruzando y que tienen que esperar a que el auto pase para seguir la marcha. Como riesgo principal mencionaron el giro veloz y sin detención de los autos cuando ellos cruzan por la senda, así como hubo quejas acerca de grandes obras viales que no pensó en los peatones durante su ejecución, como en la zona de Retiro y Av. Corrientes. La imagen de los ciclistas no es en general buena por parte de los peatones (“que un auto frene puede ser, pero una bicicleta nunca frena cuando una persona está cruzando”, “no hacen caso a los semáforos y encima van por la vereda, sobre todo los de delivery”)

  1. Propuestas para mejorar

Como balance del estudio, encontramos que los entrevistados definen la situación actual del tránsito como caótica. Muchos, al conocer los datos oficiales de muertes en aumento, atribuyen este fenómeno al aumento del tránsito vehicular y a la escasez de controles in situ. Impera una sensación de pesimismo respecto de que la seguridad vial vaya a mejorar si no se toman medidas fuertes en ese sentido (“somos argentinos, hijos del rigor”),  pero contradictoriamente el castigo no aparece como la solución más aceptada excepto para los casos de conductores alcoholizados: en este punto hubo consenso en la necesidad de mayor rigor punitivo (“hay que sacarles el registro por un mes como mínimo”, “hay que meterlos presos y así no lo harán de nuevo”, etc.), así como una notoria percepción de disminución de los controles de alcoholemia.

Para los demás infractores, se mencionan como deseables otras acciones, como campaña de uso de cinturón de seguridad, campaña de uso de casco, campaña de velocidades máximas, y una comunicación sostenida que eduque a la sociedad. Sobre este punto, fue casi unánime el consenso respecto de que la educación vial debería impartirse de manera obligatoria en escuelas públicas y privadas primarias y secundarias, y asimismo los entrevistados reconocieron a los conductores principiantes de autos y motos como un grupo especialmente en riesgo.

Otro de los puntos de consenso fue el pedido para aumentar la señalización de lo prohibido (en especial las velocidades máximas y la ubicación de los radares) para informar y a salir de la lógica de “tratar de pescar un infractor para cobrarle”.  Algunas medidas como premiar a quienes no cometan infracciones por el hecho de respetar las normas (premios además de castigos) fueron bien valoradas. Asimismo, se valoró positivamente la implementación del conductor designado como forma de evitar accidentes relacionados con el alcohol, aunque los entrevistados no pudieron precisar si se está llevando a cabo oficialmente.