De acuerdo con un reciente informe publicado por la Organización Mundial de la Salud (https://www.who.int/violence_injury_prevention/road_safety_status/2018/en/), el número de muertes por la inseguridad vial sigue en aumento.

  • Los siniestros viales son la principal causa de muerte en niños y jóvenes menores de 30 años en todo el mundo.
  • Año a año muere más gente como resultado de lesiones en el tránsito que por SIDA, tuberculosis o enfermedades diarreicas.
  • Los usuarios más vulnerables son los peatones, los ciclistas y los motociclistas: juntos representan más de la mitad de todas las muertes globales.

Ante este cuadro de situación, la Organización de las Naciones Unidas volvió a instar a los Estados miembros a adoptar, entre otras, las siguientes medidas:

  • Impartir educación vial desde la educación inicial hasta la obtención de la licencia de conducir.
  • Invertir en infraestructura, en especial para proteger a los usuarios más vulnerables, y establecer estándares para que la industria automotriz fabrique vehículos más seguros.
  • Hacer cumplir la legislación sobre factores de riesgo: exceso de velocidad, conducción bajo los efectos del alcohol o drogas, falta de casco en motociclistas, no uso de cinturones de seguridad y sistemas de retención infantil y uso indebido de telefonía celular.

 

 

Argentina contribuye al fenómeno con entre 6 mil y 7 mil muertes anuales: alrededor de 20 fallecidos por día. Ahora bien, ¿cómo se percibe en nuestro país la inseguridad vial? ¿Somos conscientes de la magnitud del problema?

Un estudio cualitativo realizado por Mutandisonline a conductores, ciclistas y peatones de la ciudad de Buenos Aires, Córdoba y Rosario arrojó estas conclusiones:

1.- Seguridad vial es igual a multas

La mayoría de los entrevistados tiene una mirada negativa sobre las sanciones: se las toma como una acción ligada a la recaudación y no a la prevención de accidentes. Por otro lado, en general se sostuvo que respetar la velocidad o no tomar alcohol antes de conducir se hace para evitar una fotomulta o un control de alcoholemia positivo y no porque así se evitan siniestros viales. Se apuntó además a la Justicia por la falta de penas efectivas para los homicidas viales.

2.- Las rutas son un problema

Un factor señalado por muchos encuestados como contribuyente a la siniestralidad fue el mal estado de las rutas. Junto al Estado también se apuntó contra las concesionarias viales, a las que se describió como empresas que recaudan sumas millonarias con los peajes pero no invierten en seguridad vial. El lugar común “solamente cortan el pasto” se repitió muchas veces.

3.- El otro siempre tiene la culpa

Se indagó entre los participantes acerca de cómo perciben ellos a los diferentes usuarios de la vía pública, y cómo se perciben a sí mismos en tanto actores del tránsito. La conclusión general es que cada usuario se percibe a sí mismo como responsable e idóneo, y como víctima de los demás. Un dato llamativo es que muchos automovilistas responsabilizan a peatones y ciclistas por la siniestralidad que afecta a estos grupos y ven a los motociclistas como una amenaza. Los usuarios más vulnerables, en tanto, piden respeto y mayores sanciones a los automovilistas.

4.- Se necesita control y educación vial

Fue generalizado el pedido de que la educación vial se imparta de manera obligatoria en escuelas primarias y secundarias. Algunas medidas como premiar a quienes no cometan infracciones por el hecho de respetar las normas (premios además de castigos) fueron bien valoradas. Asimismo, se pidieron controles más estrictos de alcoholemia, de exceso de velocidad y para los que circulan por las banquinas, entre otros. Se expresó además que camiones y micros interurbanos deben ser controlados con rigurosidad, no sólo en cuanto a documentación sino a descanso de choferes.

5.- Un no tema en la agenda política

Por último, se consultó a los participantes si, para ellos, la seguridad vial formará parte de la agenda de campaña de los candidatos con vista a las elecciones presidenciales: la inmensa mayoría dijo que no, y la segunda repuesta, muy abajo, fue “no sé”. No se vislumbra que el tema se instale en las propuestas de campaña ni en la plataforma de gobierno de quien resulte electo, pese a la cantidad de compatriotas que mueren por dicha causa. Esto quizás explique por qué estamos como estamos.